El camino hacia la modernidad
A
inicios del siglo XVII Nipón[1] comenzaba el periodo Edo,
que entre otras cosas, se caracterizó por cerrar sus fronteras al exterior, por
su política de “no intervención”, la cual perduró hasta la segunda mitad del
siglo XIX. Japón no aceptaba intervención extranjera de Europa, a excepción de
Holanda, quien logró comerciar con él, de forma muy específica. Hacia la
segunda mitad del siglo XIX, el sistema que controlaba la sociedad nipona era el
llamado Tokugawa, éste se basaba en el equilibrio del poder entre el shogunato[2] y los daimios,[3] uno en el centro y los
otros en sus provincias.[4]
En 1868, tras
diversos acontecimientos entre estas élites, desapareció el Shogunato Tokugawa,
y lo sustituyó la figura del emperador, la nueva autoridad central. Japón
formaba una nueva unidad nacional. El nuevo gobierno volvía a depender de la
autoridad del emperador. Este proceso se le conoció como “La restauración
Meiji”[5], su política consideraba
abrir paso a la modernidad, entrar en contacto económico con Occidente y, sobre
todo, tomar partida dentro de la economía mundial.
Mientras en Japón...
La oligarquía Choshu-Satsuma impuso cambios desde arriba en el sistema político y no fueron el resultado de las demandas políticas del pueblo. El campesinado continuó sufriendo la mayoría de los gravosos impuestos estatales y las revueltas continuaron en el siglo XX. [6]
Se intentó crear un régimen constitucional que reforzara el país y mejorara su situación general. Se organizó un gabinete a imagen del alemán en 1885, con Ito Hirobumi como primer ministro, y se creó un consejo privado en 1888, ambos responsabilidad del emperador. La nueva Constitución) redactada por Ito tras una investigación de las constituciones de Europa y Estados Unidos, se promulgó en 1889 y establecía una Dieta bicameral formada por la Cámara de Pares con 363 miembros y una cámara baja con 463 miembros elegidos por los ciudadanos que pagaban impuestos anuales directos no inferiores a 15 yenes. [7]
Se salvaguardaron cuidadosamente los poderes del emperador al que se le permitía promulgar decretos leyes, tener la potestad para declarar la guerra o alcanzar la paz y disolver o suspender la actividad de las cámaras. La Constitución ofrecía más libertad y seguridad a los propietarios que el sistema Tokugawa, además de posibilidades para discusiones políticas, pero no dejó claros los límites del poder ejecutivo. [8]
En 1879, Japón había tomado las islas Ryukyu, protectorado japonés desde 1609, y las designó como prefectura de la isla de Okinawa. La lucha por el control de Corea fue el siguiente paso en la expansión japonesa. Los conflictos con China en Corea finalizaron en la Guerra Chino-japonesa (1894-1895), en la que las modernizadas fuerzas niponas derrotaron pronto a los chinos. Según los términos del Tratado de Shimonoseki de abril de 1895, China cedía a Japón Taiwan (Formosa) y Pescadores, además de una gran indemnización monetaria. El tratado otorgó la península de Liaodong, en el sur de Dongbei Pingyuan (Manchuria), a Japón, pero la intervención de Rusia, Francia y Alemania obligó a Japón a aceptar una indemnización adicional en su lugar.[9]
[1]
Japón.
[2]
Fue el gobierno militar establecido en Japón, la figura central era el Shogun.
[3]
Era la base del entramado político en la administración Tokugawa, desde la
perspectiva europea, suelen ser concebidos como los señores feudales en tierras
japonesas.
[4]
Arte Historia, “Sogunato Tokugawa”, s/p.
[5]
Periodo japonés que abarca desde 1868 hasta 1912, bajo el gobierno del
emperador Musuhito. Se le llama “Restauración Meiji” ya que es el tiempo en que
Japón dio paso a la modernidad europea.
[6] http://www.mexicodiplomatico.org/art_diplomatico_especial/japon_historia.pdf. Consultado el 6 de octubre de 2014.
[7] Ibídem, p. 8.
[8] Ibídem, p. 9..
[9] Ídem.
[10] Ídem.
[6] http://www.mexicodiplomatico.org/art_diplomatico_especial/japon_historia.pdf. Consultado el 6 de octubre de 2014.
[7] Ibídem, p. 8.
[8] Ibídem, p. 9..
[9] Ídem.
[10] Ídem.


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